Sin propuestas ni autocrítica, el intendente solo expuso mediocridad y ataques

El reciente discurso de apertura legislativa dejó una clara conclusión: fue una exhibición de mediocridad. El discurso vacío de Avilés careció de ideas, propuestas y argumentos. En su lugar, optó por la agresividad, atacando a las minorías para disimular los déficits de su propia gestión.
Avilés gobierna con mayoría absoluta: siete concejales le obedecen sin matices. Esta hegemonía le otorga control total sobre el Ejecutivo y el Legislativo. Aun así, su gobierno no logra presentar una propuesta sólida para la ciudad.
Su gestión acumula fracasos. En agua, prometió mejoras tras recuperar el servicio, pero se multiplicaron los caños rotos. En gas, lleva tres años paralizado por su incapacidad para obtener la licencia de subdistribuidor. Las cloacas solo cubren a menos del 50% de las cuentas de agua. La obra pública está detenida, salvo algunas intervenciones lentas, estiradas hasta 2027 para justificar futuras inauguraciones.
El discurso vacío de Avilés evitó temas clave: transporte deficitario, falta de insumos en el hospital, recaudación en caída libre y una planta de personal sobredimensionada, repleta de militantes rentados.
Lo noté a la defensiva, culpando a las minorías por todo. Su desconexión con la realidad sugiere una agenda personal: ¿será candidato a diputado nacional?
Su única mención sustancial fue la toma de una propuesta del contador Farías —presentada también por nuestro bloque— sobre la defensoría del pueblo.
En definitiva, ignoró la crisis del turismo invernal y el desastre en la construcción producto de la ordenanza 7001. Con este nivel de indiferencia, queda claro: no le importa la economía local, ni la ciudad que dice gobernar.